Catherine Carl en traje chino

Catherine Carl en traje chino

 

Plano de la feria de Saint Louis, 1904

Plano de la feria de Saint Louis, 1904

 

La emperatriz Cixi

La emperatriz Cixi

Probablemente la idea de ir a China tiene que ver con que un hermano  de Catherine Carl trabajara en el Servicio de Aduanas Marítimas Chinas. En Pekín, la pintora entabló amistad con Sarah Piker Conger, esposa del embajador estadounidense que era un gran admirador de la emperatriz viuda.

 

 

El embajador Conger y familiares delante de la ciudad prohibida

El embajador Conger y familiares delante de la ciudad prohibida

A su regreso a Estados Unidos escribe un libro titulado Con la emperatriz viuda en el que da cuenta de sus experiencias como la única extranjera que vivió dentro del recinto de la corte imperial.

El libro se publicó en 1906 y en él la autora justifica su empresa ante la serie de despropósitos y falsedades que se atribuían en los periódicos referentes a la emperatriz.

Catherine Carl la retrata como una mujer amable y considerada. Astuta  tenía gran presencia, encanto y movimientos elegantes. Amaba los perros, las flores y detestaba a los gatos a quienes los eunucos tenían orden de mantener alejados de las dependencias de la emperatriz.

También nos describe sus paseos en bote por la laguna del Palacio de Verano así como su afición a fumar indistintamente pipas de agua o cigarrillos europeos en boquilla.

 

 

Palacio de verano de Pekín

Palacio de verano de Pekín

Asimismo subraya la buena forma física de la emperatriz al subir los escalones de la Ópera ágilmente a pesar de llevar unos zapatos manchú de seis pulgadas de alto.

 

 

Las experiencias de Catherine Carl fueron posteriormente ratificadas por Muriel Jernigan, que vivió en Pekín hasta la revolución de 1912, en su libro Ciudad prohibida

 

Con la emperatriz viuda se puede leer, en inglés, en este enlace:

http://ia600605.us.archive.org/14/items/withempressdowag00carl/withempressdowag00carl.pdf