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Las cinco magníficas del Canadá: “!Somos personas!”

Las cinco magníficas del CanadáEl 18 de octubre de 1929, las mujeres canadienses alcanzaron la consideración de “personas”.

El British North America Act (BNA) de 1867 utilizaba la palabra ‘personas’ cuando se refería al plural y la palabra ‘él’ (en masculino) cuando se trataba de una individualidad, ya fuera masculina o femenina.

 

 

Encuentro en el hotel Westminster en 1866 de los “padres” de la Constitución canadiense.

Encuentro en el hotel Westminster en 1866 de los “padres” de la Constitución canadiense.

Aunque en 1916 la circunscripción de la provincia de Alberta aprobó la legislación que concedía el voto al sexo femenino, y los grupos sufragistas presionaban para elegir una mujer para el Senado, el gobierno canadiense basaba su negativa en argumentaciones metafísicas que nos recuerdan a la Edad Media y las discusiones teológicas sobre si las mujeres tenían o no alma.

 

Las cinco magníficas del Canadá

Las cinco magníficas del Canadá

 

En 1927 Emily Murphy, la primera jueza del Imperio Británico, en su primer día como magistrada tuvo que oír que el abogado de la acusación impugnó una decisión porque ella no era una “persona” y por tanto no estaba cualificada para desempeñar las funciones de jueza.

 

Emily Murphy

Emily Murphy

Este fue el detonante para que ella, Emily Murphy, y otras cuatro mujeres: Nellie McClung, Irene Parlby, Louise Mac Kinney y Henrietta Muir Edwards, plantearan a la Corte Suprema la siguiente pregunta:

           

“La palabra “persona” en el artículo 24 de la Ley de BNA ¿incluye a las personas de sexo femenino?”.

 

Vid: Canadá: Introducción al sistema político y jurídico

Esther Mitjans. Universidad de Barcelona, 2001

 

Las cinco magníficas del Canadá

 

Al cabo de cinco semanas, la Corte Suprema de Canadá falló que la palabra “persona” no incluía a las mujeres.

Ellas se negaron a aceptar esta decisión y plantearon el caso ante el Consejo Privado que era en aquellos momentos el más alto tribunal de Canadá.

 

El 18 de octubre se anuncia la decisión de los cinco lores que integraban el citado Consejo:

“La exclusión de las mujeres de todas las oficinas públicas es una reliquia de tiempos más bárbaros que los nuestros. Y a los que preguntan por qué en la palabra “persona” se debe incluir a las mujeres, la respuesta obvia es ¿por qué no?.”

 

No se podía formular ni más claro ni más alto.

 

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